Archbishop Carlson implores Catholics to stand up for religious freedom

February 1, 2012

Dear Brothers and Sisters in Christ,

I write to you concerning an alarming and serious matter that negatively impacts the Church in the United States directly and that strikes at the fundamental right to religious liberty for all citizens of any faith.  The federal government, which was formed to be “of, by, and for the people,” has just dealt a heavy blow to almost a quarter of those people – the Catholic population – and to the millions more who are served by the Catholic faithful.

The U.S. Department of Health and Human Services announced last week that almost all employers, including Catholic employers, will be forced to offer their employees health coverage that includes sterilization, abortion-inducing drugs, and contraception.  Almost all health insurers will be forced to include those “services” in the health policies they write.  And almost all individuals will be forced to buy that coverage as a part of their policies.

In so ruling, the Administration has cast aside the First Amendment to the Constitution of the United States, denying to Catholics our nation’s first and most fundamental freedom, that of religious liberty.  And, as a result, unless the rule is overturned, we Catholics will be compelled either to violate our consciences or to drop health coverage for our employees (and bring about the consequences for all in doing so).  The Administration’s sole concession was to give nonprofit employers, like hospitals and universities, which do not currently provide such coverage, one year in which to comply.

We believe this new requirement signals a direct attack on our religious freedom.  People of faith cannot be made second-class citizens.  We are already joined by our brothers and sisters of all faiths and many others of good will in this important effort to regain our religious freedom.  Our parents and grandparents did not come to these shores to help build America’s cities and towns, its infrastructure and institutions, its enterprise and culture, only to have their posterity stripped of their God-given rights.  In generations past, the Church has always counted on the faithful to stand up and protect her sacred rights and duties.  I hope and trust she can count on this generation of Catholics to do the same.  Our children and grandchildren deserve nothing less.

And, therefore, I would ask of you two things.  First, as a community of faith, we must commit ourselves to prayer and fasting, that wisdom and justice may prevail, and religious liberty may be restored.  Without God, we can do nothing; with God, nothing is impossible.  Second, I would also recommend visiting www.usccb.org/conscience, to learn more about this severe assault on religious liberty and how to contact Congress in support of legislation that would reverse the Administration’s decision.

I call upon each of you to join me and the Bishops of the United States in speaking out on this violation of religious freedom and conscience by contacting your U.S. Representatives and our U.S. Senators.  Every Catholic has the responsibility to promote the dignity of human life and religious freedom.  If we do not make our voices heard, no one else will.  Let us work together to preserve the freedoms our forefathers established in our Constitution!

Sincerely yours in Christ,

 

Most Reverend Robert J. Carlson
Archbishop of St. Louis

 

SEIS COSAS QUE TODO EL MUNDO DEBERÍA SABER SOBRE LA REGULACIÓN DE HHS

La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos ofrece las siguientes clarificaciones sobre la regulación impuesta por el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, Health and Human Services) sobre la cobertura obligatoria en planes de salud de anticonceptivos, esterilización y medicamentos que inducen abortos.

  1. Caridades católicas, escuelas, universidades y hospitales no están exentas de cumplir con el mandato. Estas instituciones son vitales para la misión de la Iglesia, pero HHS no los considera “empleadores religiosos”  que ameriten la protección de conciencia porque no “sirven principalmente a personas que comparten su mismas creencias religiosas”. HHS deniega a estas organizaciones el derecho a la libertad religiosa precisamente porque su propósito es servir al bien común de la sociedad—un propósito que el gobierno debería alentar, no castigar.
  2. La regulación obliga a estas instituciones y a otras a pagar, en contra de su conciencia, por cosas que considera inmorales.  Con este mandato  el gobierno fuerza a las organizaciones religiosas que proveen seguro médico a sus empleados a escribir pólizas que violan sus creencias; obliga a empleadores religiosos y a escuelas a patrocinar y subsidiar cobertura médica que viola sus creencias; y obliga a empleadores religiosos y a estudiantes  a comprar cobertura médica que va en contra de sus creencias.
  3. El mandato legal obliga a incluir en la cobertura médica la esterilización, medicinas abortivas y otros dispositivos que inducen abortos así como anticonceptivos. Aunque comúnmente se conoce como el “mandato anticonceptivo”, la regulación impuesta por HHS fuerza a los empleadores a patrocinar y subsidiar la cobertura de procedimientos de esterilización. Y al incluir todos los medicamentos aprobados por la  FDA (Federal Drug Administration) para su uso como anticonceptivos, entonces también se incluyen drogas que pueden producir abortos, tales como la píldora conocida como “Ella”, un medicamento con efectos similares a la píldora abortiva RU-486.
  4. Católicos de todas las persuasiones políticas se han unido en su oposición a la regulación. Católicos que apoyaron por mucho tiempo a la Administración y sus políticas de salud  han criticado públicamente la decisión del Departamento de Salud, incluyendo a renombrados columnistas  como E.J. Dionne, Mark Shields y Michael Sean Winters; también los presidentes de colegios universitarios el padre John Jenkins (Notre Dame) y Arturo Chavez (Mexican American Catholic College); y la hermana Carol Keehan, de las Hijas de la Caridad, presidente y oficial en jefe de la Catholic Health Association de los Estados Unidos.
  5. Muchas otras personas y grupos religiosos y seculares han alzado su voz contra este mandato legal. Muchos lo reconocen como un asalto al principio más alto de la libertad religiosa, incluso aunque no estén de acurdo con la Iglesia sobre la cuestión moral subyacente. Por ejemplo,  grupos de cristianos protestantes, cristianos ortodoxos y ortodoxos judíos—ninguno de los cuales se opone a la anticoncepción—han emitido declaraciones formales en contra de la decisión de HHS. Periódicos prominentes de todo el país como el Washington Post, USA Today, New York Daily News, Detroit News y otros medios seculares, así como columnistas y blogueros han publicado editoriales en contra del mandato.
  6. El mandato federal es mucho más estricto que los mandatos existentes en los estados. HHS escogió la exención religiosa al nivel estatal más estrecha posible como modelo para la suya propia. El borrador de esa exención fue elaborado por ACLU (American Civil Liberties Union) y existe sólo en tres estados (Nueva York, California y Oregón). Incluso donde no hay una exención religiosa, los empleadores religiosos tienen la posibilidad de evitar mandatos anticonceptivos en 28 estados recurriendo a programas de auto-seguro de prescripciones médicas; a no ofrecer cobertura de medicamentos en su totalidad; o amparando su regulación bajo la protección de una ley federal (conocida como ERISA) que tiene preminencia, y por tanto anula, las disposiciones de la ley estatal. El nuevo mandato de HHS cierra todos estos recursos de amparo.

Más información sobre la posición de los obispos con respecto a la libertad religiosa, la protección de conciencia y la regulación de HHS sobre la cobertura obligatoria de anticonceptivos, esterilización y prescripciones o procedimientos que inducen abortos está disponible en at http://www.usccb.org/issues-and-action/religious-liberty/conscience-protection/index.cfm.